Tortura y fotografías (10). “Di lo que quieras pero quita la foto”,
editorial de GARA publicado el 21 de marzo de 2002.
editoriala
«Di lo
que quieras pero quita la foto»
Concejales de Gasteiz, ciudad de Unai Romano, trataron ayer de ofrecer una rueda de prensa en los pasillos de su ayuntamiento para denunciar las torturas sufridas por el joven. El teniente de alcalde, Miguel Angel Echeverría, puso especial empeño en impedir que en dicha rueda de prensa se exhibiera la fotografía de ingreso en prisión que prueba los malos tratos padecidos a manos de la Guardia Civil. El edil del PP llegó en un momento a retirar personalmente la imagen mientras lanzaba un «di lo que quieras, pero no pongas la foto». La frase es extremadamente significativa.
El sistema actual, que ha hecho de la tortura un instrumento en su lucha contra el independentismo vasco, ha desarrollado suficientes defensas como para neutralizar las denuncias públicas de malos tratos. Para ello cuenta con la colaboración de unos medios de comunicación que, en su salvaguarda del actual modelo de Estado, han olvidado que su primera obligación es la de informar y han optado abiertamente por hacer propaganda política. Pero la imagen de la cara desfigurada y amoratada de un joven maltratado en dependencias policiales es más difícil de ocultar a la ciudadanía. Aunque no falten los medios de comunicación que traten de impedirlo, la reiteración de su exposición pública acaba llegando a la sociedad. Y, ante la fotografía de Unai Romano a los dos días de ingresar en prisión, es inútil intentar mantener la versión oficial de que la denuncia de torturas es una estrategia falaz para tratar de desacreditar a las FSE. De ahí que el teniente de alcalde de Gasteiz tratara por todos los medios de evitar que la imagen de la tortura, el retrato de una política de Estado, siguiera extendiéndose.
Lamentablemente, a pesar de la evidencia gráfica de la tortura, la mayoría de los partidos políticos siguen sin incluir esta vulneración de derechos humanos en su agenda. Quienes ante la quema de cualquier accesorio urbano no dudan en hacer pública una declaración de condena sea la hora que sea, son incapaces de responder de manera similar ante la práctica de los malos tratos. Resulta desconcertante que los mismos políticos que callan ante los golpes, electrodos y amenazas sufridos por Unai Romano traten de ofrecer lecciones de «comportamiento ético» y someter a otros a exámenes sobre su compromiso con la defensa de los derechos humanos.
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